Por: Emma Landeros

Aunque a diario los mexicanos acceden a mayor información sobre los señalamientos y acusaciones en contra de la élite política priista, el país necesita educarse en términos de ciudadanía, añade el doctor Morín. 

“México es hermoso y maravilloso excepto por nosotros que hemos permitido todo este desastre o hemos participado activamente ya sea por corrupción o por violencia. Ahora toca pasar de la enajenación, del horror y del shock a una ciudadanía. 

“El gran reto es construir ciudadanos. Aunque pareciera ser que estamos a años luz de construir una ciudadanía porque de existir no sucedería algunas situaciones que son francamente surrealistas. La ciudadanía parece estar en otro lado mientras nosotros nos peleamos por cuestiones que no tienen tanto sentido, al grado de polarizarnos”.

Ahora toca pasar de la enajenación, del horror y del shock a una ciudadanía. 

En primer lugar, en México existe una ignorancia abismal respecto a lo que son las leyes, afirma el antropólogo. “En principio, ni siquiera nos consideramos sujetos de derecho. En el caso de Emilio Lozoya, si nosotros como ciudadanos no concebimos una cosa que se llama el ‘derecho a la información’ cómo podemos exigir que el gobierno transparente, hasta donde el debido proceso lo permita, la negociación jurídica que se mantiene con el exfuncionario.

“Hay un vacío comunicante en nuestra sociedad que nos hace seguir anclados en el salvajismo, es decir, queremos sangre. Eso esperaba la ciudadanía en este caso y eso incluye a los periodistas, especialistas y al ciudadano de a pie. Es posible que se quisiera quemar vivo a Lozoya, ignorando que la ley permite una figura que se llama ‘testigo protegido’ y que este hombre no es un cualquiera”.

El caso de Emilio Lozoya, comenta Morín, es tan complejo porque algunos de los delitos de los que se le acusa ya están prescritos. Por otro lado, las autoridades tampoco puede comunicar tanto a la sociedad de lo que está haciendo porque puede poner a los otros implicados sobre aviso. Pero de nuevo, la ciudadanía ignoran los procesos judiciales y parece que solo quiere sangre y a esto se suma que está muy polarizada.

Hay un vacío comunicante en nuestra sociedad que nos hace seguir anclados en el salvajismo, es decir, queremos sangre

“Muchas veces la gente sueña con que el castigo es que se les quite el dinero a los corruptos, eso es muy deseable pero ¿jurídicamente es viable? esa es la gran pregunta. ¿El Estado tiene la capacidad técnica de probar eso? Ahí es donde está el verdadero problema. Si se tiene ministerios públicos mal pagados y peor tratados, evidentemente es difícil que tengan esa capacidad técnica para enfrentar a ese contrario, que en este caso son los mejores despachos de abogados de Europa y Estados Unidos.

“Por eso se necesita que el gobierno tenga a especialistas bien pagados para que haga un trabajo muy concreto y pueda convertir toda esta serie de hechos en un proceso jurídico que devenga en castigo o en una recuperación de dinero o incautación de bienes”. añade Morín. 


El doctor Emmerich advierte que los mexicanos experimentan cuatro afectaciones importantes y que pueden rastrearse hasta su origen en el predominio priista.

“La primera claramente es la corrupción, un ingrediente de la toma de decisiones que define la política (y no sólo la política) en todos los países del mundo, con la diferencia de que en América Latina la corrupción está cargada de miradas morales y antipolíticas. La segunda es la violencia, heredada de la revolución mexicana y de la eterna disputa por la tenencia de la tierra, un drama irresuelto en casi todo el continente.

“La violencia en México tiene origen campesino y se expresó por diferentes vías (Zapata, las guerras cristeras, los movimientos guerrilleros, el narcotráfico) hasta convertirse en una forma de apropiación ilegal de la renta nacional en todo el país, mucho más allá de la problemática de la tierra”.

La tercera, señala, es una afectación de cultura política y es la indiferencia e insolidaridad política de los mexicanos. No sólo el desinterés por la participación política formal (voto y partidos políticos) e informal (reclamos civiles) sino además y sobretodo por la supervivencia de la ideología del ‘sálvese quien pueda’ y la idea de poner en riesgo la vida si es por interés propio y no arriesgar nada por interés ajeno. “Los mexicanos son muy valientes, pero no son políticamente solidarios”, advierte.

La cuarta afectación, que fue un disvalor por mucho tiempo y ahora es un activo geopolítico, es la migración. Millones de mexicanos migraron a Estados Unidos durante décadas hasta hacer de ese país un nuevo México, algo que se percibe con claridad en la Unión Americana, puntualiza el politólogo.