Por: Emma Landeros

Para el antropólogo Edgar Morín, el régimen de Enrique Peña Nieto es la versión más degenerada del saqueo priista. Totalmente cínica y con una voracidad nunca antes vista. “Cuando llega el peñismo al poder, que representaba en ese momento al Grupo Atlacomulco, vemos la rapiña. Estaban haciendo lo opuesto a lo que debieron haber aprendido. 

“Porque si tuvieron a un maestro como Carlos Hank González o como Isidro Favela, debieron haber aprendido otras formas. Lo que vemos con el caso de Lozoya es muy ilustrativo. Antes usaban una videocámara y se grababa a todo aquel que recibía sobornos. A estos políticos se les olvidó casos como el de Ahumada. Por eso se vuelve algo degenerado. Casi como una turba que llega y arrasa de una manera bastante burda, como en el caso de Javier y César Duarte”.

Durante el viejo régimen priista, explica Morín, cada funcionario iniciaba desde abajo. Cuando una persona llegaba a ser senador o secretario de Estado, ya había recorrido mucho camino y conocía el funcionamiento de la administración pública y por otro lado la política y la grilla. Cuando llegan los priistas al poder con Peña Nieto, parecería que no aprendieron eso. “Por eso son una versión degenerada. Se llevaron hasta los focos de las oficinas, a ese nivel”. 

La reciente elite priista creada y recreada a partir del grupo de Atlacomulco, solo escaló a la presidencia, en el caso de Enrique Peña Nieto, para marcar el ocaso definitivo del viejo régimen priista

Sobre este punto, el doctor Emmerich añade que el rol y la importancia de la reciente elite priista creada y recreada a partir del grupo de Atlacomulco, solo escaló a la presidencia, en el caso de Enrique Peña Nieto, para marcar el ocaso definitivo del viejo régimen priista.

“El sistema político mexicano es más federal de lo que habitualmente se acepta, aunque más aceptada es la mención de los cacicazgos locales, esa forma de poder y dominio real que no se lleva muy bien con las gubernaturas formales aunque caciques y gobiernos estén dentro de la misma persona. La elite de Atlacomulco produjo un impacto a nivel nacional más fuerte que la fortaleza real del grupo, que tuvo su mejor momento cuando estaba a punto de desaparecer. Por ahora ya solamente el actual gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo, ocupa un cargo de importancia vinculado al Grupo”.

Para el antropólogo Edgar Morín, es posible que el escándalo de Emilio Lozoya pueda terminar de desbaratar al nombrado Grupo Atlacomulco. “El cual representa una forma de hacer política pero también una forma muy particular de mirar al país. Es símbolo de corrupción y una forma de ejercer del poder, donde las dinastías y cofradías han resultados fundamentales. 

“Este grupo, del cual han emergido importantes políticos priistas, fundió la política con los negocios y eso es parte de su maldición. Al paso del tiempo, es un grupo que opta por hacer negocios con españoles. OHL, también es un emblema de corrupción que llegó a México de la mano de Arturo Montiel y se desarrolla después de la mano de su sobrino (Enrique Peña Nieto)”.

En esa lógica, añade Morín, no es casualidad que Peña Nieto pase tanto tiempo en España o que Montiel pase tanto tiempo en ese país. Así, el hartazgo de la ciudadanía ante el saqueo priista, señala Morín, llevó a que 30 millones de personas votaran por el actual jefe de gobierno federal. 

“Aun con esto, tiempo después de caído el PRI, el expresidente Peña Nieto continuó exhibiéndose paseándose por el mundo sin ningún recato. Podemos observa que la política mezclada con los negocios fue lo que llevo al priismo a lo que parece ser la debacle. Por ahora están a la defensiva de lo que legalmente pudieran hacerles.

“No sé sabe si jurídicamente pase algo, pero desde la lógica de El Principe [Maquiavelo], el miedo es una cuestión importante y basta. Existen muchas marcas de corrupción, es necesario que las autoridades construyan bien los casos, si esto fuera así podría haber sorpresas. En esto momentos, el caso Lozoya es el primer round importante pero hay muchos más… o no. Es parte del surrealismo de este país”, puntualiza el doctor Edgar Morín.