Por: Emma Landeros

Después de la Revolución Mexicana, el expresidente Plutarco Elías Calles logra controlar al Estado mexicano que se encontraba dividido en generalatos por medio de la pacificación al repartir los territorios como una patente de corso a cambio de lealtad, la cual se institucionalizó en un partido hegemónico que evolucionó hasta convertirse en el PRI, explica a AD Noticias, el doctor en antropología, Edgar Morín.  

“La revolución se institucionalizó y esa clase política se configuró a partir de la lealtad y a cambio de esta se obtuvo una serie de canonjías y así funcionó por décadas. Es posible que la fragmentación de ese partido haya iniciado con el tráfico de drogas, en los años ochenta con Salinas. En aquel entonces, el primer gobernador de oposición fue Ernesto Rufo (PAN), en Baja California. Alguna vez él comentó que le tomó cinco años tener el control de la Procuraduría de Justicia.

Morín argumenta que la nacionalización de la banca se convirtió en un parteaguas que incidió en el reacomodo de la clase política

“Al gobierno federal en ese momento no necesariamente le convenía que un gobernador de oposición fuera exitoso en el combate a la inseguridad y hablamos de este tema en abstracto. Si bien el problema del narcotráfico ya existía, no era tan visible. Pero este problema generó una recomposición. Por un lado estuvieron los grupos de poder y por otro la delincuencia que se desarrolla en esos vacíos que deja el Estado y en medio de problemas políticos”, añade Morín. 

Con el paso de los años, los espacios que fue perdiendo el PRI fueron aprovechados por el Partido Acción Nacional (PAN). Un partido a donde llegó una clase empresarial que estuvo durante algún tiempo de lado del priismo.

Los partidos de oposición ganaron otras gubernaturas, lo que después se constituyó como alternancia con Fox y Calderón en el poder, sin embargo, básicamente continuaba la misma clase política con otro nombre de partido, este caso el PAN que tomó más fuerza con el apoyo de aquellos empresarios que se creyeron agraviados con la nacionalización de la banca, señala el antropólogo.

Morín argumenta que la nacionalización de la banca se convirtió en un parteaguas que incidió en el reacomodo de la clase política. Mientras que en el PAN logran converger empresarios y doctrinarios, en el PRI esto genera un desgaste y se convierte en pérdida del voto.

El experto trae al tema a López Portillo, quien podría ser el punto más alto del priismo porque ni siquiera hubo oposición durante aquella campaña política y ganó el 100 por ciento de los votos, sin embargo el gran perdedor de todo este proceso fue el PRI, porque aunque su estrategia fue dividir y crear pequeños partidos, con el paso de los años esto no le ha dejado grandes beneficios. 

“Entre otras razones, la caída del PRI también se debe a que cambia la composición demográfica del país. Los jóvenes piensan diferente a sus abuelos; hay condicionantes de tipo educativo y el voto duro se va pulverizando hasta llegar al 2018. 

Entre otras razones, la caída del PRI también se debe a que cambia la composición demográfica del país. Los jóvenes piensan diferente a sus abuelos

“Además, se debe mencionar un periodo importante con Jesús Reyes Heroles, quien hace la reforma política. La cual abre la puerta a una amnistía que le permite a muchas organizaciones de izquierda pasar de la vía clandestina (algunos otros de la vía armada) a la política electoral. Así se institucionaliza un sector importante de la izquierda”, comenta Edgar Morín.

El antropólogo señala que parte importante de esta izquierda institucional salía de un sector del PRI que entró en conflicto plenamente en el periodo de De la Madrid. “El grupo de Salinas impulsó la versión de la modernización del país. Lo que generó al interior del PRI una recomposición importante que termina echando a un sector del nacionalismo revolucionario que se alía con esa parte de la izquierda que sale de la clandestinidad y la represión (la cual fue bastante brutal) y terminan haciendo una alianza”.

Así se llega a una nueva realidad que es la globalización. Ahí se genera una serie de fuerzas que producen lo que algunos llaman partidos bisagra, comenta el antropólogo, que electoralmente no representan mucho pero que en votaciones y reparto del poder esos pocos votos valen mucho. 

“También surgen los partidos familiares y algunos de ellos abiertamente vinculados a esta clase priista, panista y ahora hasta morenista, como el partido Verde. Incluso ahora se mantienen alianzas que podrían ser impensables pero que confirman eso que decía Churchil: ‘La política crea extraños compañeros de cama’”, comenta Morín, también autor del libro Crímenes de cuello blanco. El capitalismo de amigotes y las redes en la mafia del poder (Grijalbo/Radom House, 2019). 

El período central de la dominación priista

Sobre el tema, el doctor en Ciencia Política, Norberto Emmerich en entrevista con AD Noticias, explica que la mejor descripción del período central de la dominación priista la encuentra en la obra del historiador inglés especializado en el estudio de Latinoamérica, Leslie Michael Bethell, quien habla de una democracia autoritaria. El nombre popular de dictadura perfecta es una mejor descripción, aunque sea incorrecto definirla así en términos políticos, añade.

“La tarea del priismo en México fue forjar un esquema estable de gobernabilidad entre actores contrapuestos y asimétricos donde el PRI ofició de árbitro único. Las empresas, los gobernadores, Estados Unidos, la Iglesia, las Fuerzas Armadas y el crimen organizado convivieron aceptablemente durante siete décadas. Así se entiende la importancia de la corrupción en la vida mexicana, ya que el dinero aceitaba las asimetrías eventuales de poder entre los distintos actores”.

El nombre popular de dictadura perfecta es una mejor descripción, aunque sea incorrecto definirla así en términos políticos

El auge petrolero de los años setenta impulsó una explosión demográfica y aparecen los primeros síntomas de la necesidad de cambiar el viejo modelo de la dictadura perfecta para adecuarlo a una matriz que diera cabida y respuesta a un país distinto al México post-revolucionario, de acuerdo con Emmerich. 

Es así como a partir de la reforma de Carlos Salinas de Gortari arriba al poder una elite formada académicamente en las grandes universidades mexicanas y de Estados Unidos que logró incluir exitosamente al país dentro del NAFTA-TLCAN y convertirlo en una potencia industrial exportadora. 

“Ese modelo incluyó la transformación de miles de campesinos primero en braceros americanos y luego en obreros industriales. Los ‘tecnócratas’ poblaron la administración pública y la corrupción perdió el sentido tradicional de aceitar la gobernabilidad para convertirse en una cultura que aceitaba la toma de decisiones”, comenta el politólogo.